Mi historia

Mi mente lógica, propia de un ingeniero, ha servido de filtro para cuestionar y dudar de la veracidad de todo tipo de información a la que estamos expuestos diariamente. Esto me ha ayudado especialmente en el campo emocional, mental y espiritual, pues ese fue el punto de partida para encontrar la semilla en donde reside nuestra real naturaleza.
Después de varias crisis en donde el mismo tipo de relación sentimental se repetía una y otra vez, era imposible ignorar la verdad que yacía detrás de esas experiencias, el “problema” era yo. Estas relaciones fueron el detonante para experimentar lo que más adelante se convertiría en el mayor tesoro atemporal, invulnerable, profundo y sutil; y que quiero compartir contigo.
Si dijera que el problema fue directamente esas relaciones, mentiría. El problema real fue el monstruo que creé, el peor enemigo con el que uno puede convivir, mi mente se había vuelto mi peor enemigo. Sentía pánico por saber que estaba a merced de las condiciones externas, que evidenetemente no podía controlar. Pero, me sentía aún peor al pensar que lo único que realmente podía controlar -mi mente- estaba cobrando vida propia.
Los pensamientos, eran incontrolables, o por lo menos eso creía yo; me había dejado llevar por una inercia de negatividad que ya no podía parar. Al mismo tiempo, lograba encontrar momentos de objetividad, donde era capaz de observar el comportamiento de mi propia mente, era evidente, variaba entre pensamientos de culpabilidad y pensamientos de pánico. Siempre tenía una razón para tener miedo, y si no la tenía, la buscaba.
Gracias a la observación sensata y objetiva de mis pensamientos y con el apoyo de varios libros que llegaron de manera sincrónica para confirmar la información que iba deduciendo, logré comprender la disfunción básica de la mente. La mayoría de los seres humanos tenemos esta disfunción, la diferencia radica en el nivel de ruido que hace cada mente. Generalmente, pasa desapercibida ante la mirada de quien la alberga y por eso es posible que no se note. Sin embargo, el alto volumen de tu mente es la invitación sutil del alma para encontrar el maestro que vive en tu interior.
Hoy, debo decir que ya no experimento las crisis como las vivía hace unos años. La sabiduría que adquirí en su momento y que sigo alimentando es tan potente que es imposible olvidarla. El resultado ha sido relaciones más armoniosas, paz y prosperidad.Espero que disfrutes de estos trozos de sabiduría y que los apliques en tu vida para verificar sus resultados.
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